6 de out de 2015

Caminar desde el corazón

 
 
"Caminante no hay camino, se hace camino al andar", así escribe el poeta Antonio Machado. Sólo hoy, reconozco la verdad  contenida en esa frase.  El camino no es sólo la ruta, la calle, el trayecto recorrido con los pies,  sino que también es el trayecto recorrido con el corazón. Un viaje es siempre un hecho del espíritu. Luján fue una experiencia del corazón, del espíritu, de la capacidad que tenemos cuando  la fuerza del cuerpo ya no da más y ,entonces, las motivaciones espirituales y aquéllas que vienen desde el corazón son esenciales para seguir adelante. 
 
 
En primer lugar, el miedo y el frío,  realidad que empezó a hacerse más fuerte, Estoy acá, tengo muchos kilómetros por avanzar y no sé por qué estoy. Fue así que empecé la caminata, yo creía que estaba motivado, pero, desde un primer momento, ya supe que la realidad era otra. Estaba dispuesto, pero esas motivaciones no eran suficientes para andar tanto camino. Había que tener algo más allá. Entre oraciones; la letanía de la Virgen María,  la oración de Charles de Foucauld, fue que busqué esa motivación. No podía ser apenas una consecuencia de lo físico,  había que tener algo  más. Para mí caminar era un desafío y me propuse vivirlo como una ofrenda por las intenciones que estaba cargando en el bolsillo y en el corazón, me propuse vivirla como si fuera el camino de la vida. 
 
El primer gran momento fue cuando mi hermano Leandro y Oscar quedaron a la espera de mí, avanzamos algunos kilómetros juntos y mientras tanto, yo pensaba en cómo es importante, a veces, disminuir el ritmo y buscar al otro.  En seguida, el encuentro con la multitud, los muchos peregrinos, igual a nosotros dispuestos a caminar; no estábamos solos, otros caminaban con nosotros, aunque no los conociéramos, ni habláramos con ellos.También ellos hacían el doble camino: el recorrido de la ruta y el trayecto del corazón. El camino de la vida es un trayecto donde muchos pasan, uno se quedan, otros avanzan con nosotros,  en silencio, con añoranza.  Algunos kilómetros adelante volví a caminar solo, mientras oraba el rosario por las intenciones que me habían pedido algunas personas. Luego ,más adelante ,me junté con Leandro y Elmer y con ellos recorrí más de la mitad del camino.  Mientras tanto, una amiga , junto a su familia, enviaba mensajes de motivación. Nosotros orábamos, charlábamos y, a veces, nos quedábamos en  silencio, pero era el silencio de quien estaba buscando el porqué de seguir caminando. 
 
La primera parada  estuvo espectacular, el cuerpo todavía estaba bueno para seguir adelante; la segunda parada, también. En ese momento, conocimos a Diego, un chico que empezó a avanzar con nosotros y con quien compartimos mucho. A veces, en medio del camino, el Señor nos regala otras formas de comprender el mundo y caminar, para que no caer  en la tentación de creer que  nuestra visión del mundo es la única, es la mejor.  En la última parada, un abrazo de una de las personas que estaba en el equipo de apoyo, una motivación para no quedarse allí ¡Cómo se hace importante a veces un pequeño gesto para seguir adelante!  Yo no aguantaba más, pero la mente no cedía, quería seguir luchando y caminando… Logré seguir con los tres algunos kilómetros. Después.... no más. 
 
Los últimos tramos fueran los más difíciles para mí,  quedé solo, pues no logré seguir el ritmo de mis compañeros y empecé a perder las motivaciones. A lo mejor, logré profundizar las motivaciones. Muchas cosas pasaban en mi cabeza, mientras las piernas y los pies ya iban dejando de moverse.Entonces  empecé a caminar con el corazón, con la fuerza del espíritu.  En ese momento, la fe y la amistad me dieron la seguridad de que iba a seguir. Estaba solo físicamente; en medio de la multitud que caminaba, yo me sentía solo.  La desesperación era grande. Saqué el rosario y empecé a orar.Ya no sabía cuál misterio estaba orando, pero seguía orando y creo que fue eso lo que me hizo marchar. Entre un misterio y otro, pensaba en esa amiga, en su familia, en mi familia, en el Instituto, en los hermanos que iban adelante. 
 

Entonces , leía los mensajes que me había llegado al celular, y la fuerza lograba que hiciera algunos pasos más. El primer puente, el segundo puente, lagrimas de miedo y desespero, pero también de emoción por haber recorrido un trayecto y estar cerca del objetivo.  Cuando faltaba dos cuadras , aumentaron  las lágrimas. Recuerdo que un señor me abrazó y me dijo: "Llegaste, llegaste, algunos metros más, sólo algunos más....". Recuerdo que para subir la escalera fue doloroso, tuve que agarrarme a la pared,  cuando entré en la Iglesia y miré la Imagen ,las lágrimas brotaban como un manantial. En un video, quedaron grabados los últimos pasos y el llanto por la gracia  de haber llegad. Al mirarlo hoy, sé que valió la pena.  
 


                                 
 
Fue una experiencia única de fe y amistad. Una experiência de cómo nuestros límites son pequeños cuando confiamos, cuando nos dejamos conducir por el espíritu, cuando nos sentimos queridos por Dios y por aquéllos que Él nos regaló como amigos, como hermanos, como comunidad. Fue una experiencia de la fuerza que tenemos en el corazón. Cumplí un desafío . En el camino hacia Luján, confirmé el trayecto hecho en el noviciado este año, un trayecto donde cada paso es un grado enorme hacia el objetivo.
 
 
 
 
Gracias a Luján tuve la oportunidad única de poder disfrutar no sólo de  una peregrinación, sino también la certeza de tener en la fe una experiencia de vida . Además , pude encontrar en la propia vida, en el camino, los signos que el Señor nos va dejando. Gracias a Luján logré descubrir la fuerza de la amistad y de la comunidad religiosa y de mis hermanos. Gracias a Argentina  tuve una  experiencia única en mi vida. Gracias a Argentina porque me dio la bella posibilidad  de caminar con el corazón, con el amor… Que  Nuestra Señora de Luján pueda seguir caminando con nosotros. 
 
 
 

Sândrio Cândido

Nenhum comentário: